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Este impresionante complejo industrial del siglo XVIII fue un regalo de los Borbones a la villa por su apoyo en la guerra de Sucesión que les dio el trono de España. Los motivos adicionales para asentar una industria textil en Brihuega fueron los siguientes: mano de obra experimentada en la industria telar ya que desde la Edad Media nutridos rebaños de oveja merina recorrían los cordeles y cañadas de la zona. Abundancia de plantas para tintar y curtir (roble, zumaque, gayuba, etc.); corrientes de agua para mover molinos, batanes y suministrar el líquido elemento a la fábrica. Madera para las herramientas y carbón para las calderas.
Fernando VI arrancaría la construcción del inmueble allá por el año 1751 sobre el cerro de Santa Lucía. Se trataba de un edificio redondo con patio central y que quedaba intramuros de la arruinada muralla medieval. Al suroeste, una gran explanada para el secado de los paños. El diseño de esta primera fábrica fue encargado a Manuel de Villegas, arquitecto madrileño aunque fue ampliado por Ventura Padierne que en aquel momento trabajaba en el Palacio Real.
La fábrica irá creciendo en dirección este mediante dos crujías paralelas escoltando la puerta principal. Carlos III va a patrocinar la ampliación hacia el este y norte, con más naves de telares, casas para intendentes y la nueva capilla de la fábrica sustituyendo a la vieja ermita de Santa Lucía. Todo el complejo es un magnífico ejemplo de la arquitectura neoclásica.
En 1781 se completa la construcción de toda la fábrica que vivirá sus mejores años hasta la Guerra de Independencia. En este periodo funcionan más de 100 telares y la industria emplea al 30% de la población briocense.
La Guerra provocó su ocupación por tropas francesas, siendo el General Hugo el encargado de defender la zona.
Tras la restauración de Fernando VII en el trono la fábrica vuelve a funcionar pero con menor éxito que en la centuria anterior.
La grave crisis económica de la Corona a mediados del s. XIX provoca la venta de la Fábrica en 1840 a Justo Hernández, vecino de Brihuega y empresario textil en Madrid. En este momento el inmueble seguirá dedicado a la producción de paños y a viviendas particulares.
Fue su primer propietario el que convertiría los secaderos de paños en unos preciosos jardines con vistas a la vega del Tajuña. Dichos jardines son de estilo romántico, con parterres de inspiración francesa. Se componen de un perímetro de cipreses que dan intimidad al espacio y setos de boj, laurel y aligustre que ordenan en calles el jardín. Elementos singulares son: la pajarera con su curioso chapitel de plomo; el mirador sobre el pueblo y la vega; el cenador, las fuentes.
Durante la Guerra Civil cesa la producción de mantas que se había mantenido. Ernest Hemingway visitará los jardines durante su viaje periodístico a la Batalla de Guadalajara y unos años después en 1946 Camilo José Cela los alabará en su célebre Viaje a la Alcarria.
El Ayuntamiento adquiere la fábrica el 14 de febrero de 2017 con sus Jardines de la Rama y del Anís e inicia la rehabilitación y puesta en valor del edificio y sus jardines con fondos propios, con la ayuda de FADETA y del Ministerio de Fomento con cargo al 1,5% Cultural. Todo ello diseñado estratégicamente dentro de un plan integral de recuperación del patrimonio histórico artístico del municipio liderado por el alcalde de Brihuega, Luis Manuel Viejo Esteban, y sus equipos de gobierno. En la actualidad y a través de una concesión administrativa, este emblemático edificio se ha convertido en el primer hotel de cinco estrellas de la provincia de Guadalajara de la cadena Castilla Termal, convirtiéndose en un ejemplo dinamizador y generador de empleo en la Comarca de la Alcarria.