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Los Briocenses, de carácter abierto y distendido, se aficionaron desde antiguo a la fiesta taurina. Ya en el siglo XVI se celebraban en Brihuega los famosos encierros, declarados de Interés Turístico Provincial y, según Resolución del 28 de julio de 2009, de Interés Turístico Regional de Castilla La Mancha. Las corridas de toros se celebraban antiguamente en la Plaza del Coso, pero en 1935 comenzó a reclamarse la construcción de una plaza de toros que fuese acorde con el alto grado de afición taurina existente en el municipio.
Tras 30 años de espera, su construcción se hizo realidad gracias al impulso de D. Jesús Ruiz Pastor, quien realizó también otras muchas obras importantes para Brihuega, entre ellas la bajada a la gruta de la Virgen de la Peña.
La plaza de toros de Brihuega, bajo el nombre de “La Muralla”, se inauguró el 12 de junio de 1965, día que pasó a ser uno de los más felices en la historia de este municipio.
Se encuentra en el ángulo occidental del recinto amurallado, entre la puerta de acceso al recinto murado del palacio fortaleza y la de Cozagón, cuyo arco perdió algo de esbeltez debido a las obras. A pesar de ello, se consiguió que la plaza no desentonase con el bello conjunto arquitectónico y monumental que la rodea.
La inauguración de la plaza de toros “La Muralla” constituyó un hito en la historia económica, urbanística y lúdica de Brihuega.
Cuenta con más de 7.000 localidades y el primer albero que se colocó en ella fue traído de la Real Maestranza de Sevilla por el empresario taurino Diodoro Canorea.
El cartel inaugural lo compusieron tres espadas de gran renombre en aquel momento: Paco Camino, Andrés Hernando y Manuel Benítez “El Cordobés”, consiguiéndose el siempre deseado “No hay billetes”.
En sus primeros años gozó de un gran esplendor y alegría, que fueron disminuyendo progresivamente a partir de 1970, tras el fallecimiento de su promotor D. Jesús Ruiz Pastor.